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Compras Cero Residuo

El modelo de vender productos que no vienen envasados era una vieja costumbre que está volviendo renovada con el fin de eliminar los envases desechables.

En diciembre de 2020, hice un video para mi canal de YouTube, donde mostré cómo es comprar en el primer supermercado sin envases que abrió en plena pandemia en la Ciudad de Buenos Aires. Un recorrido por Cero Market, que vende productos sin packaging.

Hubo muchos comentarios sobre este video en Linkedin, y me parece interesante compartirlos para tener muchas miradas del mismo tema. Eso siempre nos enriquece. Sobre todo me interesan los que hacen críticas, que además de ser más divertidas, es de donde se pueden detectar más oportunidades de mejora.

Creo que esto puede ser el fin del packaging descartable, pero no es fin de los envases ya que no podés llevarte un kilo de harina en la mano.

Para algunos algunos, este sistema tiene muchas contras, incluso lo tildaron de ridículo. En cambio, para otros, es amor a primera vista. Me sorprende que muchas personas ya tienen incorporada la práctica de llevar un recipiente para hacer las compras y evitar las envolturas.

Los envases son necesarios para transportar y asegurar la calidad de los productos que contienen.

En este contexto de venta se presentan varios desafíos, tanto para la cadena como para las marcas que se venden en ellas. Sobre todo por cuestiones de higiene.

A raíz del debate, hice una encuesta para saber si comprarían en una tienda donde uno tiene que llevar su propio envase. Como fue realizada en Linkedin, entiendo que los que participaron son, en su mayoría, profesionales que pueden tener conocimiento técnico.

El resultado muestra que casi la mitad de los encuestados estaría dispuesto a llevar sus propios envases, mientras que un 13% se niega rotundamente. La oportunidad está en el 37% que dice que le da duda pero lo probaría.

¿Cómo funciona?

Cero Market promueve la reutilización de envases que podés llevar desde tu casa, o sino comprar en el local frascos de vidrio con la intención que los vuelvas a utilizar en tu próxima visita.

Comentan que su objetivo es que en un futuro no haga falta vender envases, pero creo que por conveniencia del cliente, siempre será útil que haya posibilidad de comprar envases por si no llevaste suficientes y se te antoja algo que viste.

También tienen disponibles alternativas como bolsas de papel de madera y otras de bolsitas de arranque de plástico compostable, que se deben descartar junto a residuos orgánicos para hacer compost. Así, vale la pena haber usado material orgánico para crear una bolsa, devolviendo nutrientes a la tierra.

En la tienda se puede comprar pastas secas, legumbres, frutos secos, harinas, arroz, té en hebras, cereales, mermeladas, mostazas y hasta productos de limpieza y cosmética, que no son tan comunes de encontrar en las tiendas que venden a granel.

Podés encontrar shampoo sólido, pastillas de pasta dental, cremas corporales, talco, entre otros productos. También vas a ver artículos como cepillos de bambú, esponja vegetal y toallitas femeninas reutilizables de tela. Con estas últimas no sólo evitas el packaging, sino los residuos de estos productos, que mayormente no son reciclables.

Al entrar a la tienda tenés que pesar los envases vacíos que llevás, colocarles una etiqueta y escribirle el peso de cada uno. Después de llenarlos con los productos que elijas, tenés que escribir en la etiqueta pegada en el frasco, el código que está en el contenedor donde tomaste el producto.

En la caja, una persona pesa el envase lleno, descuenta el peso del envase vacío, y pagás solo por el peso del producto que lleva.

Es un proceso que lleva su tiempo, pero la filosofía de Cero Market también considera “cero apuro”, para tomarse el tiempo para hacer compras de manera consciente y llevar solo lo necesario.
Si no lo necesitás, no lo compres

Cultura cero

El movimiento Zero Waste (cero residuos) es una realidad global que propone eliminar la generación de residuos. Esto permite visibilizar la preocupación por el exceso de envases desechables y su impacto ambiental por la mala gestión de los residuos.

La primera vez que escuché de esto fue en 2016, de la mano de la tienda Unpackaged, que ya tiene varias sucursales en Londres donde venden alimentos sin envases y los clientes deben llevar sus propios contenedores.

También recuerdo haber visto, en esa misma época, la propuesta de la empresa Ecover. Algunos de sus productos de limpieza biodegradables se comercializan mediante estaciones de recarga que están dentro de supermercados por todo el Reino Unido. Se compra el envase una única ocasión, y luego se recarga una y otra vez.

Sin embargo, estos nuevos supermercados ecológicos, que venden productos sin envase, son una versión evolucionada de la reutilización. Puede que sea una moda, pero ya están en varias partes del mundo; Ekoplaza, en Ámsterdam, Unpacked, en Madrid, Yes Future, en Barcelona, Unboxed Market, en Toronto y Cero Market, en Buenos Aires, entre otros.

Una moda es buena si promueve cambios positivos.

Estos locales fueron creados por emprendedores inquietos que querían ofrecer una manera diferente de hacer las compras. Muchas de las marcas internacionales comenzaron a prototipar estaciones de recarga, como las de Ecover, para los supermercados.

Nuevo de nuevo

Aparentemente hay una franja de edad habituada a realizar las compras en grandes superficies, que es la más reticente cambiar su manera de comprar.

Olga Rodríguez, dueña de la tienda Yes Future, explica que la mayoría de sus clientes son gente joven consciente con el medio ambiente, pero también se suman personas mayores que la compra a granel les resulta familiar. Claro, esto no es nuevo.

En unos de los comentarios que recibí del video, una persona recordaba que en su pueblo – hace 60 años había un local de venta al peso, sin esa variedad ni “grandilocuencia”–. Imagino que lo que quería decir era sin el costado “marketinero” de la comunicación actual que destaca el beneficio ambiental. Cuando yo era chico, en la década de los 80 también había venta al peso y muchos envases eran retornables, especialmente gaseosas y cervezas.

Este modelo de consumo reducía en gran parte envases de un solo uso. Claro, no es nuevo, y creo que es bueno recuperarlo y mejorarlo para dejar de llenar los basureros y océanos con envases vacíos. Esa me parece una idea de lo más horrenda.

Miedo cruzado

Las mayores oposiciones a este sistema tienen que ver con el control de la trazabilidad de los alimentos y la información acerca del producto. Algunos también objetan la poca fiabilidad de garantizar la contaminación cruzada por la falta de pericia de los consumidores.

En gran parte, la higiene del local depende de sus prácticas y del comportamiento de los clientes. El desafío es mantener la limpieza después de que se abren y cierran los contenedores, como los elementos que se usan para servir productos dentro de los envases recargables que cada uno lleva.

¿Cómo se puede conservar la frescura del producto luego de unos días? Esa es una de las dudas recurrentes. Otro de los grandes interrogantes es qué sucede con los productos SIN TACC (sin trazas de trigo, avena, cebada y centeno, para intolerantes al gluten), ya que se debe garantizar sus cualidades inalteradas.

Una persona con celiaquía (intolerancia al gluten) puede verse perjudicada si alguien usó la misma pinza para tomar otro producto con gluten. La pinza queda contaminada y así se produce la contaminación cruzada. El producto sin gluten termina teniendo trazas que no debería tener.

El tema de servirse uno mismo es lo más delicado para asegurar que los productos permanezcan sin contaminar, no solo del gluten, ya que la inocuidad es un tema muy sensible, aún más en tiempos de pandemia.

La estación de recarga, como la de los productos de limpieza, ayudaría a que no haya contacto del consumidor con el resto de producto que queda en el dispenser. Además, el tema de la higiene del envase se puede prevenir con estaciones de sanitización antes de realizar la recarga.


El des-seguimiento

Si bien la idea pro-medioambiente atrae muchas miradas, también hay cuestionamientos referidos a los datos relacionados al seguimiento del lote, vencimiento, elaborador, ingredientes, tabla nutricional, y declaración de alérgenos como: “contiene soja”, “leche”, “maní”, etc, para alertar a personas que no toleran ese tipo de alimentos.

Algunos de esos datos están en las etiquetas de los contenedores de la tienda, pero claro está que esa información no queda en los envases que uno se lleva a la casa. ¿Será que hay menos peligros de los que uno puede suponer o es una locura no atender este tema?

Los productos envasados por el fabricante garantizan la inocuidad del alimento y permiten comunicar la información que el consumidor debe conocer antes de realizar su compra, y también una vez que consume el producto. Tienen información sobre la empresa y cómo se deben contactar en caso de tener un reclamo de calidad.

Otro comentario argumenta que “quienes están involucrados en la elaboración de productos alimenticios con responsabilidad en el cuidado del medioambiente, están trabajando en ir cambiando a packaging 100% reciclable y en aquellos casos que se pueden a biodegradables.”

Sin dudas es un trabajo arduo porque la barrera aislante de aire u olores de estos materiales no siempre es la que requiere el alimento, o no se trata de materiales tan resistentes.

Si el producto en el interior se desperdicia por falla del envase, se produce el impacto “doble negativo”. Se echa a perder toda la energía y agua que insume producir el producto y también el envase que falló, por lo tanto el impacto ambiental es doble.

Volviendo al tema de si es mejor un envase biodegradable o reciclable, el problema de qué hacer con ese envase en el post consumo sigue siendo responsabilidad del consumidor, que a veces no sabe, no quiere, o no le interesa decidir responsablemente.

La propuesta de comprar a granel, llevando tu propio envase y reutilizarlo varias veces es lo que realmente hace que haya menos residuos en el medio ambiente. También evita tener que reciclar el envase, con el gasto energético que eso implica.

Usar basura como material prima puede no ser más barato ni más ecológico.

Creo que está muy bien reutilizar envases en todo lo que se pueda, siempre y cuando sea seguro comprar de esa manera.

El gancho comercial

Algunos comentarios alertaron sobre la manipulación del lenguaje en la frase “la tienda sin envases”. La ilusión de ver cómo era posible se deshizo al ver que no es posible prescindir de los envases. El envase siempre es necesario para preservar, contener y transportar.

Entiendo que la frase precisa debería ser “la tienda sin envases descartables/desechables”. Pero claro, hacer la frase más corta y llamativa es la manera de atraer a más personas y que se interesen por conocer la propuesta. Sobre todo para quienes no están interesados en el tema de reducir envases de un solo uso.

¿El fin justifica los medios? Depende del fin, y de los medios.

Claro, el título del vídeo: EL FIN DEL PACKAGING también sonaba un poco tremendista, justamente con la intención de llamar la atención. Tampoco le hice mal a nadie difundiendo información.

Como me comentaban en una oportunidad, para nada es el fin del Packaging, al contrario, se trata de un mundo de nuevas oportunidades.

Es el comienzo del fin de los envases desechables.


Recarga on-the-go

En Chile, la startup Algramo implementó un sistema muy parecido de recarga pero que además incorpora pequeños triciclos eléctricos con dispensadores. Así llevan a distintos sectores de la ciudad la posibilidad de comprar productos por peso.

Este modelo de reuso de envases empezó de manera local y ahora la empresa está creciendo en América Latina y Estados Unidos. Está en sus planes llegar a Indonesia, México, Colombia, Perú, y Europa.

Al comienzo ofrecía solo productos de marca propia pero luego se unieron marcas como Nestlé y Unilever, bajo el concepto de pagar un precio al por mayor por una cantidad pequeña.

El gran beneficio social es hacer más accesibles algunos productos permitiendo comprar “sólo lo que el cliente necesita o puede pagar”. Además del costo, el beneficio ambiental es que los clientes recarguen sus propios envases evitando tener que fabricar envases nuevos o reciclar los utilizados.

En una entrevista realizada por Lilián Robayo, para Mundo PMMI, comentan:
“Algramo trabaja con las marcas para tratar de resolver el problema social de la pobreza, vendiendo a granel de forma flexible, a un precio por kilo constante, sin el sobrecargo que implica un envase pequeño, y atendiendo el tema ambiental de reutilizar en vez de reciclar.”

Para incentivar la adopción de este sistema, Algramo premia por la reutilización del envase, dando créditos para compras futuras y haciendo que cada vez que el usuario recargue, pueda ver cuál fue su contribución, cuál es el impacto al evitar que se produzca una determinada cantidad de plástico nuevo.

Algramo cuenta con tres canales de venta: el modelo de entrega a domicilio; los dispensadores autosoportados o ubicados en las góndolas de supermercados; y los dispensadores “on the go”, que reemplazan a las máquinas expendedoras de bebidas.ç

Resumiendo lo que vimos

Los desafíos de estas iniciativas son:

  • La gente debe transportar sus envases hasta la tienda.
  • Los envases deben estar inocuos para no recibir potenciales demandas.
  • Si las marcas no pueden asegurar que en la tienda no se contaminen sus productos, ¿qué opinan los consumidores?
  • La logística de los graneles que abastecen los locales exige cuidados distintos que los que se resuelven con los envases de menor contenido.
  • Si el sistema de envasado a granel es más costoso ambientalmente que la suma de los costos de los envases fraccionados de menor peso. Habrá que analizarlo.

Por último, citando uno de los comentarios del video de mi recorrida, se pone en cuestionamiento que el costo del envase no lo descuentan, incluso –pagarás igual o más por productos sin envase y la diferencia se la queda el vendedor–.

De acuerdo, no deberían aprovecharse, sino que se debería tratar de buscar lo más justo para todos, por eso muchas de estas tiendas trabajan con pequeños productores.

La clave no es pagar menos, sino contaminar menos.